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Una niña de dos años, que murió de cáncer cerebral el pasado abril, fue congelada criogénicamente con la esperanza de que pueda ser revivida cuando la ciencia encuentre una cura a su enfermedad.

Matheryn Naovaratpong, de Tailandia, se convirtió así en la persona más joven en ser sometida a este proceso.  La niña se encuentra actualmente en las instalaciones de la compañía Alcor, en Arizona. Su cerebro y su cuerpo están congelados por separado a -196 grados Centígrados.

Los padres de Maytheryn, ambos médicos, aseguran haber obtenido cierta paz mental tras la tragedia al pensar que, “al menos, dedicamos su vida al progreso y desarrollo de la ciencia”, dijo su madre.

Enlace: El Universal