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El Señor de los Anillos, Harry Potter, La guerra de las galaxias, El Padrino: ninguno de ellos ha superado el test de Bechdel, una sencilla prueba que mide la presencia de la mujer respecto a la del hombre en los productos culturales, y en especial, en la industria del cine.

Su origen se remonta a una tira cómica creada en 1985 por la dibujante Alison Bechdel, en la que dos mujeres se disponen a entrar al cine cuando una de ellas comenta que solo accede a ver películas que cumplan tres requisitos: que incluyan al menos dos personajes femeninos, que estos compartan escena y hablen entre sí, y que la conversación no trate acerca de hombres. Surgido a raíz de esta reflexión cargada de ironía, el test de Bechdel se basa en la elaboración de una red de todos los diálogos del filme que ponga de manifiesto si se cumplen las tres premisas anteriores.

Se ha popularizado hasta el punto de que algunos cines de Estocolmo y la televisión por cable de Suecia la han empezado a aplicar de forma oficial para determinar si la película promueve desigualdades de género. Si bien no debería ser considerado un sello indudable de discriminación, sí que actúa como un indicador superficial de la visibilidad de la mujer en el filme. Que una película supere o no este test es meramente anecdótico, pero que la suma de las películas que no lo hacen triplique la de las que sí lo hacen, revela que sí existe cierto sesgo de género sistemático, especialmente en las películas hollywoodienses.

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